
Todo su organismo se beneficia del masaje: circulación, respiración, digestión, etc.; y los rozamientos son los pases más importantes. Al efectuarlos, las manos deben adoptar siempre la forma de su barriguita, espalda, piernas. Siempre hay que avanzar en dirección al corazón, ya que así estimulamos su circulación sanguínea.
Los movimientos rotatorios, roces con la mano formando círculos grandes y luego más reducidos, fortalecen los tejidos. Se suelen aplicar en la panza y la colita.
En otras zonas del cuerpo, como las sienes, la espalda o alrededor de los ojos, se presiona con mayor delicadeza, ya que su función primordial es relajar.